Fernando R. Ortega – Pescando en el siglo XXI

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Pescando en el siglo XXI

A estas alturas de la película resulta complicado entender algunos aspectos de nuestras vidas sin las redes. Uno está acostumbrado -si es emprendedor- a tirarse sin red, a que las porterías de los colegios no tengas redes o a que si te colocas los rulos sin tu redecilla, corras el riesgo a que el pelito se te encrespe demasiado antes de ese bodorrio al que vas tan preparado, depilación brasileña incluida. Neruda tiraba en las tristes tardes sus redes, mezclando ojos oceánicas con irrefrenables ganas de quitarle el biquini a la poseedora de esos meritados ojos objeto de semejante epíteto poético. Jesús llamó a los que usaban las redes. Cuántas veces hemos visto las tres mejores canastas de la NBA y sus respectivas redes bailonas o, por qué no decirlo, gracias a las redes, desde que somos muy pequeñitos hemos conocido, desde arriba, las calles de Nueva York gracias a las que tiraba Spiderman.

Recibimos la visita en nuestro blog de Fernando R. Ortega.

O sea, que sí, que redes hay, y hay muchas. De un tiempo a esta parte se nos ha unido a semejante entrelazado de cuerdas, guitas, telarañas, algodón, fibra, sal y pescado, las que no se tocan. Esas que dicen que acercan a los lejanos y alejan a los cercanos. Me refiero a las redes sociales, esas plataformas intangibles, multiplicadas como panes y peces en formatos diferentes que nos han liado la vida, pero que bien liada.

Estas mismas redes, un día, sirvieron a Cris -¿o era Chris?-, para usarme a modo de pescado -¿o era pez?- y atraparme en su machihembrado para, no sé, si un día dejarme escapar. Por tal razón creo que me ha invitado a que le escriba estas palabrillas, conocedora ella, de que a mí me dan un papel y me dicen ¡escribe! soy como Aguirre y su cólera. Hasta que no lleno el rectángulo blanco, no paro. Serán las oscuras golondrinas las que un día vinieron con sus nidos a colgar, porque desde que llegaron y dejaron su semilla esto no ha parado.

Las actuales redes, menos poéticas que las de Neruda, sin embargo, nos embargan por su sinfónica metáfora de la necesidad de estar comunicados. Yo existo porque otro, mi semejante, es y su existencia hace que yo sea también. Esta afirmación filosóficia no viene sino a confirmar la necesidad de la comunicación humana en cualquiera de sus manifestaciones (música, pintura, poesía, infraestructuras, mass-media, cine, etc.). ¡Qué no son sino expresiones humanas de la comunicación! Esto mismo ocurre con las redes sociales. Y por eso, y sólo por eso, estoy hoy aquí, compartiendo cartel con la creadora de este singular escaparate que es Cristina -¿o era Xtina?-.

Yo cada día sé menos, y las redes me han enseñado a desaprender. Por eso me gustan, por eso las uso y por eso practico con ellas, no el sexo, pero sí la comunicación. El sexo también es comunicación, pero en esto me quedo en el 1.0.

A ciencia cierta que esto no es lo que esperaba la creadora invitante de este blog, pero sabe que con algunos, corre el riego de enredarse y, a veces, enredarse/enredarnos en maravilloso.

Yo por eso me dejo enredar, o es ¿me encanta la red? Tal vez, sólo sea poesía.

Fernando R. Ortega

www.fernandortega.com