Marga Reig – AOVE 2.0

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AOVE 2.O. EN CONSTRUCCIÓN

No se tú, pero yo llevó viendo eso que dicen de los brotes verdes, y no hablo de los olivos, que también están ya floreciendo. Me refiero a que mire donde mire me encuentro siempre el mismo cartel: en construcción y a este individuo, o a un primo o a un pariente, por que son muy parecidos, con esa cara de relajao y el dedo levantao, en actitud de decir: tranqui, colega, está tó controlao, en un periquete lo tenemos solucionao y echa esto a andar. Lo malo es que me topo con este tipo desde hace años, desde que resbalé, como Obélix, y me caí de cabeza a un depósito inertizado de aceite de oliva virgen extra, AOVE, para ahorrar espacio y tiempo. Me explico: ese buen hombre de ficción, u otro de su extensa parentela, es el muñequito que suelen poner en las páginas web que se iniciaron, un día, tiempo ha, dijeron aquello de “bueno, luego seguimos” y ese luego nunca llegó. En internet hay legión, no, más, trillones… Y en aceites, cooperativas, almazaras, cosméticos de AOVE y todo lo que tenga que ver con el olivar, pon, a ojo de buen cubero, el 98% de las cooperativas, el 75% de los aceites, otro tanto de las almazaras y un 85% de los cosméticos. Y la artesanía, un 90%. 

Hola, soy Marga Reig.

La explicación es sencilla. Internet, internet, hay que estar en internet. Todo son nervios, aturullamiento, indecisión pero una cosa está clara: hay que estar en internet como sea. Mi niño, tercia alguien, sabe mucho de esto. Que se venga por aquí. El niño, que sabe, les hace la faena de aliño, que es lo que se hacía entonces, cuando internet era 1.0. Las webs no dejaban de ser meros escaparates, cuando llegaban a eso y no se quedaban en estáticas tarjetas de visita con fotos, con textos explicativos. Muchas, muchísimas siguen igual. Otro alguien veía que la página de la competencia tenía más cosas. Se recurría entonces a un informático, amigo de otro amigo, que en los ratos libres te iba colgando cosas. Eso cosas, sin ton ni son, a engordar la página, que tardaba en cargarse una eternidad para no aportar nada nuevo y quedarse a medias. Por tanto, aparecía mi amiguete el apañao y ahí se quedaba per saecula saeculorum.

Luego vinieron, están aquí, las webs 2.0., con sus tiendas online, sus opciones interactivas, sus vídeos… Pero, ¿cómo íbamos a pasar en el olivar del mural del cole a cosas de mayores? Ya no nos lo podían hacer ni el hijo del amigo, ni el informático. Había que recurrir a profesionales. Y costaba varios miles de euros. Total, pá lo que servía la página, si apenas había visitas, pos nos quedábamos igual, total.

Y, horror, llega la 3.0. y no viene sola llega con una zarabanda de redes sociales. Gracias a Dios, mi hija es un hacha del facebook y se ha puesto con el twitter y se le da divinamente también. Hemos publicado una foto de la cosecha, otra de la primera botella y la fiesta del remate. No nos sigue mucha gente pero ya vendrán, ya. Y la botella, la clásica, la misma con la que llevamos 30 años. No nos hacen falta webs ni blogs ni wikis ni pintereses de esos.

Lo malo es que no es un pensamiento de cooperativa, ni de almazara, ni de marca, es generalizado. Pocos, las mujeres siguen siendo minoría y piensan muy distinto, saben valorar la importancia de las redes sociales gestionadas por un profesional, dotarlas de contenido, aportar información desde ellas, desde los blogs y desde la web, porque todo ayuda a la hora de vender y más si le pones tu producto a golpe de teclado: online. Redondea la faena: viste mejor lo que vendes, hazlo agradable a la vista, confía también en el diseño. ¡Por los clavos de Cristo, que estamos en 2014! El buen paño ya no se vende en el arca, hay que sacarlo, pregonarlo y llevarlo, si es preciso, hasta Estocolmo. Pregunta a la gente joven que tienes a tu alrededor, te lo harán ver clarito, clarito. Y fíate de quién te dice que recojas temprano la aceituna, no te da mal consejo.

Marga Reig

http://maladenatura.blogspot.com.es/